Frutas Preparadas Imprimir

El isleño que vivía en el ámbito rural, dedicado a las labores de labranza y pastoreo, se las tuvo que ingeniar en épocas de carestías, tal y como pasó en la posguerra, para sobrevivir de los productos que le proporcionaba su entorno.

El nivel de vida y el relativo aislamiento de la población rural, hacía que se aprovechara todo tipo de frutas, conservarlas de la mejor manera posible para tener así, qué comer durante el invierno.

En el interior de la Isla había variedad de frutas como: las ciruelas, las peras, los tunos o los higos, los cuales eran tan conocidos y usados como lo fue el gofio. Y es que era un aporte calórico de vital importancia en la escasa dieta del canario de la época.

En el sur de la Isla contaban también con otro producto que era muy apreciado en su momento, y que aún se sigue comiendo, las aceitunas, que se podían comer con mojo, o bien usarlas para hacer aceite en alguno de los molinos que había en Santa Lucía o en Temisas.

Higos

Según la tradición de nuestros antiguos, la higuera fue traída por primera vez a Canarias por unos aventureros mallorquines en el siglo XIV. Gracias al buen clima del Archipiélago, la especie se adaptó fácilmente y sus frutos se convirtieron en una de las predilecciones de los isleños.

Hoy se reconocen hasta seis tipos de higos: los blancos, los negros, los bergazotes o cotios, los de invierno, los hartabellacos y los higos bobos. Pero también se conocen con otro tipo de denominaciones como: el higo de a libra, que hace referencia a los higos blancos, o el higo de valle, que es como se conoce al higo blanco de Agaete.

Pero el más popular de todos es el higo pasado, el cual se tendía a secar al sol, evitando que se mojara con la lluvia o el sereno, porque se estropean. Una vez secos, se soban, pero también se podían envolver con gofio una vez que se habían secado.

Para la conservación de esta fruta, había que guardarla en un sitio seco y fresco.

Tunos secos

El tuno es otro de esos productos que se secaban para tenerlos en casa durante el invierno y para cuando no había fruta, de hecho hay gente que continua haciéndolo.

Antiguamente, en la celebración de los "finados", o sea, el Día de los Difuntos, se comían este tipo de productos. Además de estas frutas, también era común que se comieran castañas y nueces.

Para preparar el tuno, hay que cogerlo cortando con el cuchillo un poco de la hija de la tunera, que a él está pegado, para que éste se quede bien cerrado y no se salga la pulpa.

Antes de prepararlos también se suelen barrer los tunos para así quitarles las diminutas púas que los cubren.

Luego se les quita la piel y se deja el pezón. Después se ponen a sacar sobre papel bazo durante un mes o mes y medio, dependiendo del tiempo que haga.

Este es uno de esos productos, que tradicionalmente, se ha dicho que son buenos para el riñón.

 
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