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Son muchas las verduras que se cultivan y consumen en las Islas, una gran variedad de productos que hacen de nuestros potajes, un amplio expositor de esta riqueza.

Dentro de las verduras que se dan en Gran Canaria, hay algunas como el pimiento o el tomate, que con el tiempo han ido adquiriendo una especial protagonismo, dada la fuerte inversión que se ha hecho en su producción.

Estos monocultivos están destinados mayoritariamente a la exportación, y dentro de este campo, el tomate tiene un papel predominante por ser la verdura que más se comercializa en el exterior.

El Tomate

El tomate es una planta de origen americano, cuya duración vegetativa puede alcanzar varios años, aunque aquí, se suele cultivar de forma anual.

Por sus características, puede ser cultivado también en terrenos secos, siempre y cuando cuente con riegos periódicos, lo cual es una cualidad a destacar teniendo en cuenta las peculiaridades del suelo y del clima de la Isla.

La temperatura, la luz y la humedad juegan un importante papel en su desarrollo y fructificación, de ello depende todo el ciclo de este cultivo, una buena o mala zafra.

La planta puede cultivarse en forma rastrera, aunque se adapta a todo tipo de soportes, y es que al estar elevada, se evita que los frutos se deterioren. Por ello, lo más habitual es que se levante la tomatera hasta una altura considerable, que permita la mejor recolección y distribución, en calles, del cultivo.

Hasta finales del siglo XIX, la amplia zona donde se cultivó y cultiva tomate, estaba destinada a otro tipo de productos, normalmente aquellos que se demandaban del exterior, como fue el caso de la caña de azúcar, pero también se plantó durante algún tiempo cereales, millo y papas.

Durante las primeras décadas del siglo XX, y debido a una fuerte demanda de productos tropicales, por parte de Europa, es cuando esta amplia zona comienza a dedicarse al cultivo de productos de exportación como el tomate.

En los años sesenta, la agricultura de exportación sufre una gran transformación, mediante la puesta en explotación de cultivos forzados en invernaderos, especialmente pimientos, pepinos y tomates.

Las primeras plantaciones comerciales se realizaron en hileras, pero hasta entonces, se cultivaban rastreras, cubriéndose con aulagas para protegerlas del sol.

Este cultivo estuvo siempre íntimamente relacionado con el fenómeno social de la aparcería. Los aparceros eran los trabajadores que se regían por un sistema de beneficios por producción, contrato mixto, pactos o costumbres supletorias entre el propietario o arrendador de la finca y ellos mismos.

En la Isla hay diferentes zonas donde se plantaban tomateras, normalmente en las llanuras secas de la Isla, pero donde más proliferaron fue: en los barrancos del oeste, en las llanuras del sureste y en la zona sur de la Isla.

Aún hoy, este cultivo es una de las actividades económicas más importantes de los diferentes municipios que comprenden estas zonas de la Isla, donde los invernaderos forman parte de su historia y de su paisaje.

La idea de hacer del tomate un producto de monocultivo, orientado básicamente hacia la exportación, es de los ingleses, que se encargaron de poner en marcha su producción y comercialización.

Fueron propietarios de la mayoría de las fincas o terrenos dedicados a este producto, y fueron los encargados de poner en marcha toda la infraestructura necesaria, para abastecer sus mercados de tomate canario.

Con el tiempo, estos cultivos corrieron con mejor o peor suerte, algunos desaparecieron ante la ruina del empresario, y otras salieron a flote gracias a la formación de las cooperativas de trabajadores que se hicieron cargo de la empresa.

En la Isla se cultivan o se dan diferentes tipos de tomates, que no tienen ni la misma forma, ni el mismo sabor; un tomate cultivado en una huerta de medianías es bien diferente del que sale de los invernaderos del sur de la Isla.

 

 

ImageDULCE DE TOMATE (MERMELADA)

 

 

La abundancia de tomates en los periodos de zafra obligaba a las mujeres canarias a buscar alternativas para dar salida a los tomates que se maduraban. Una de ellas es la mermelada de tomate, conocida también como dulce de tomate. Esta es una receta que se puede localizar en el este, sur y oeste de la isla de Gran Canaria zonas productoras de tomates, así como en el resto del Archipiélago. La receta es muy simple y fácil de hacer, ofreciendo una conserva de agradable y sorprendente sabor que en la actualidad está renovando su imagen pues se emplea como acompañamiento de queso frito.

 

 

INGREDIENTES ( para un kilo y medio de mermelada):

2 kilos de tomates
1 kilo de azúcar
La cáscara de un limón (sin lo blanco)
1 trozo de canela en rama

PREPARACIÓN

Se eligen unos tomates carnosos y maduros, se “escaldan” en agua hirviendo un momento, para facilitar la retirada de la piel. Se eliminan la piel, las semillas, y “el corazón” (parte dura interior del tomate). A continuación se ponen a escurrir los tomates en un colador grande para que vayan perdiendo parte del agua.

A continuación se ponen los tomates a fuego muy lento para que se vayan reduciendo, se añade el azúcar, la cáscara del limón y la canela en rama. Hay que tener cuidado para que no se pegue al fondo del caldero, por lo que se recomienda remover continuamente.

Se aparta del fuego, se deja enfriar y se vierte en tarros de cristal bien tapados.

 
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