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Entre los múltiples tipos que produce la alfarería tradicional de Gran Canaria se encuentran: tallas, bernegales, jarras, de agua y de pico, cazuelas de vino, platos, porrones, tinajas, lebrillos, que se usaban para amasar el pan, o los gánigos, que son unos platos con paredes altas para amasar la pella de gofio.
También se pueden seleccionar los productos según su utilidad, por ejemplo, piezas relacionadas con el fuego: cazuela, caldera, sopera, olla de leche, tostadores, tanto para el millo como para el café, sahumadores, utilizados para quemar el incienso con el carbón; hornillas, las cuales podían ser de diferentes tamaños, y que servían para guisar el pan, y hasta ceniceros y palmatorias.
Aparte de todo esto, las alfareras también pueden elaborar otro tipo de productos que se podrían catalogar como piezas decorativas: cántaros, platos de colgar, jarrones, e incluso, juguetes y figurillas decorativas. La venta de los productos resultantes del trabajo del barro se realizaba a través de los mercados y mediante la venta abulante, ejercida por el propio alfarero.
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